miércoles, 22 de julio de 2015

" QUIERO RECUPERAR MI VIDA "


Ese fue el deseo más profundo que tuve durante la mayor parte del tiempo que tuve ansiedad. Recuperar mi vida. Volver a salir, viajar, reunirme con mis amigos, ir y hacer lo que quisiera tal y como hacía antes de que el miedo apareciese. Pero los años pasaban y no la recuperaba por más que lo deseaba, me esforzara y tratara de encontrar solución a mi ansiedad
Poco a poco fui llegando a una conclusión que al principio fue dolorosa, pero que con el tiempo comprendí que en el fondo fue liberadora: no podía recuperar mi vida. Y no podía hacerlo por dos razones. La primera, porque "aquel Rafa" ya no podía continuar con esa vida llena de perfeccionismo, control, impaciencia, dependencia y autoexigencia. Y la segunda, porque aquella ya no era mi vida. La vida no es lo que sucedió, ni tampoco lo que sucederá. LA VIDA ES LO QUE SUCEDE, aquí y ahora. Es el continuo presente. Todo es vida. No podía recuperar mi vida porque ya estaba viviendo una vida, con ansiedad, sí, pero ésa era la vida que en esos momentos tenía que vivir. La que en ese momento estaba experimentando. La que experimentamos en cada momento.
Cierto es que cuando estaba inmerso en la ansiedad, sobre todo en las épocas de crisis, sentía cómo me limitaba, cómo el miedo se comía mi vida. Pero cuando conseguí adoptar cierta perspectiva de mi mismo y de lo que me sucedía, me di cuenta, de que lo que me limitaba era a continuar siendo perfeccionista, controlador, impaciente, dependiente y autoexigente. Y como hasta ese momento no sabía ser de otra manera, por eso sentía que la ansiedad me limitaba. Fui observando que cuando era menos perfeccionista, menos controlador,... sentía menos ansiedad.
El tiempo pasó y la ansiedad hizo que terminara por rendirme. No en el sentido de tirar la toalla, sino en el sentido de dejar de luchar contra ella y de aceptar que en aquellos instantes, aquella era mi vida. Curiosamente, fue en la rendición y en la aceptación, donde comencé a ver que la vida tornaba, iba dejando atrás tanto sufrimiento, tantas crisis y se abría algo nuevo. Una nueva etapa de ese continuo llamado vida, que se recorría más ligero de equipaje. Sobre todo sin la pesada carga de andar todo el tiempo demostrando ser perfecto por temor a que me rechazasen. No podía más, debía de elegir, continuar llevando una máscara o atreverme a ser yo mismo. Ese "no poder más" hizo que al final optara por lo segundo. Sí, perdí amigos. Pero me encontré conmigo mismo. Y al hacerlo, vinieron otros nuevos. Poco a poco, ligero de equipaje, volví a salir, a viajar, a ir y hacer lo que quisiera. Volví hacerlo. Pero no lo hizo "aquel Rafa". Por medio la vida había continuado y me había enseñado que había otra manera de vivirla. Antes de la ansiedad, creía que para ser feliz tenía que asegurarme el aplauso de los demás, precisamente cuando dejé de hacerlo comencé a experimentar la libertad. Como puedes ver en el apartado del blog "Carta a la ansiedad - testimonios", no es la misma persona la que entra que la que sale. 
No trates de recuperar la vida de antes tal cual. Eso es como tratar de recuperar el agua de río que ya se vertió en el mar. Ábrete a la vida y te encontrarás contigo mismo. Lo demás... vendrá por añadidura.

lunes, 6 de julio de 2015

ANSIEDAD, ESPACIO INTERIOR

Un buen profesional de la psicología / psiquiatría, un amigo, un familiar, un libro... nos pueden ayudar. Pero todos tenemos un espacio interior al que pocos pueden llegar. Ese espacio es donde nos hablamos, habitan nuestras emociones y nos sentimos. Es el lugar en el que se produce el abrazo interno y donde podemos cultivar la ternura hacia nuestra persona. Es en ese espacio donde se van originando esos pequeños cambios que nadie percibe pero que tú sabes que se han producido.
Observa cómo en el fondo, cada cambio en tu ser a lo largo de la vida, se ha fraguado desde ahí. Y es precisametne ahí, en ese espacio, donde has de dejar de luchar contra tus sentimientos, pensamientos y emociones. Es ahí donde has de dejarte en paz para que puedas "sanar" esa fractura, esa división interna en la que una parte de ti siente miedo y otra quiere estar bien. Recuerda, ambas partes son tuyas y por lo tanto no han de estar enfrentadas. Tu sentir es tuyo, está ahí, existe, permítele ocupar el espacio que de todas maneras está ocupando.
Cuando permitimos, lo que realmente estamos haciendo es dar la oportunidad a que todo pueda ser transformado. En cambio, cuando resistimos lo que hacemos es condensar, retener lo que ha de marcharse.
Toda transformación en la persona se produce de dentro hacia fuera, así que ve hacia ese espacio al que sólo tú tienes acceso y haz limpieza para sentir amplitud dentro de ti. Cuando tenemos ansiedad, solemos creer que nos falta algo, como si fuésemos erróneos. Pero en verdad lo que nos ocurre es que nos sobra. Nos sobran creencias, patrones y actitudes que han ido depositando en nosotros y que ahora nos estorban.
El camino de la salida de la ansiedad se hace ligero de equipaje.
Cuida tu espacio. Cuídate.

domingo, 7 de junio de 2015

VIVIR EL PRESENTE

Situarnos en el presente, es una manera de no entrar en esa corriente que nos arrastra llamada ansiedad. Pero ello no implica rechazar los pensamientos relativos al futuro. Fíjate cómo de esa manera, lo único que hacemos es entrar en conflicto contra nuestro propio pensar. Y entramos en ese conflicto sin darnos cuenta de que realmente, no le tenemos miedo al futuro. Le tenemos miedo a lo que estamos imaginando en nuestro presente. Repito. EN NUESTRO PRESENTE. No puede ser de otra manera pues nada escapa del ahora, inclusive lo que pensamos.  
En el miedo irreal, los pensamientos futuros no hablan del futuro. No pueden hacerlo sencillamente porque éste no ha nacido. Sólo son imaginación, ficción, presunción, fantasía,... Por lo que en verdad, esos pensamientos futuros, sólo hablan de cómo nos encontramos en este instante. Si miramos qué hay detrás de ellos, vemos que son la consecuencia de nuestra ACTUAL no confianza ante el devenir de la vida y de nuestra ACTUAL creencia en lo que imaginamos.
El problema de la ansiedad no está en el futuro. El problema está en cómo vivimos nuestro presente. Si lo vivimos con confianza, con aceptación, permitiendo nuestro sentir y dejando pasar lo que imaginamos "sin zambullirnos" en ello... todo se suaviza.

jueves, 4 de junio de 2015

CÓMO DISTANCIARSE DE LOS PENSAMIENTOS CATASTRÓFICOS

Los pensamientos tiene un gran peso en la ansiedad. La práctica del Mindfulness nos ayuda a distanciarnos de ellos. En el siguiente vídeo vemos cómo.

 

sábado, 30 de mayo de 2015

RAZÓN Y EMOCIÓN

La razón es una potentísima herramienta que ha hecho avanzar a la especie humana. Pero estamos tan encerrados en ella que no exploramos otras áreas igual de importante como es el sentir. Utilizar la razón para salir de la ansiedad es acertado, muchas veces es necesario hacerlo, pero no hemos de limitarnos a ella. También hemos de dejarnos sentir y que aflore nuestro lado más humano. Rabia, tristeza, agravio, temor, inseguridad, culpa, gratitud, comprensión,... suelen ser reprimidos, haciendo que embalsemos una tensión emocional que necesita salir de alguna manera. DÉJATE SENTIR y expresa aquello que sientes. 

De esa manera permitirás que todo fluya. Las aguas estancadas se oscurecen, en las que fluyen todo se va renovando.

sábado, 23 de mayo de 2015

¿SIENTES VERGÜENZA POR TENER ANSIEDAD?

En mi primer año de ansiedad, sentía una gran vergüenza por el hecho de tenerla. Aunque por aquél entonces aún no sabía muy bien qué me estaba ocurriendo, sí que me consideraba una especie de enfermo mental. El hecho de que nadie me explicase bien qué era la ansiedad, me llevó a tener esa falsa creencia sobre mi mismo.
Tras la primera crisis pasé, literalmente de la noche a la mañana, de tener una intensa vida social a recluirme en casa. ¿Por qué me recluí? Porque tenía dos tipos de miedos. El primero era que la crisis volviera a darme en la calle. El segundo era miedo a que me diese delante de mi amistades o que éstas se enteraran. Con el tiempo me fui dando cuenta que el segundo era más intenso que el primero. No quería que quienes me conocían lo supieran. ¿Por qué no quería? pues porque hasta ese momento, había sido una persona que había estado dando una imagen de que todo lo podía, competente, inagotable trabajador, fuerte, capaz,... y no soportaba que los demás me viesen de una manera diferente. A partir de ahí, fue cuando me di cuenta de cuánto me importaba la opinión que los demás tuviesen de mi. Para mi fue un duro golpe que me llevó bastante tiempo digerir, aceptar y sanar. Estaba claro que en ese punto, la ansiedad había venido a enseñarme... HUMILDAD. Humildad que inicialmente interpretaba como humillación. Pero no, son dos cosas distintas. Nadie me estaba humillando, sólo era mi ego el que así se sentía. Humildad es reconocer que somos humanos, falibles, de carne y hueso, que tenemos límites y que no hay necesidad de ir demostrando lo que no somos.
Ese segundo miedo fue quien más estaba alimentando mi agorafobia. Llevaba un año recluido en casa, pero en el fondo y en ese sentido, en verdad no estaba protegiéndome. Lo único que estaba haciendo era proteger la imagen que los demás tenían de mi, porque yo así lo necesitaba para sentirme querido y aceptado.
Durante ese año de reclusión, las crisis continuaron dentro de casa. El hecho de que no saliese a la calle no hacía que no las tuviera. Así que poco a poco ese primer miedo comenzó a carecer de sentido, pues total, las crisis me daban independientemente de dónde me encontrara. Lentamente comencé a salir, a tratar de ir cada vez una esquina más lejos. En mi interior sabía que ésa era la salida. No podía continuar como hasta ese momento pues mi vida se había detenido. Estaba claro que de mi ansiedad se salía literalmente por la puerta de mi casa.
Pero continuaba con ese miedo a que me diese una crisis ante alguien que conociera o que se enteraran. Eso era un auténtico freno. Recuerdo que iba por sitios por donde era poco probable que me encontrase a algún amigo, por miedo a que en su presencia me diese una crisis. Hasta que, cansado, harto, hastiado ya de ese miedo, hubo un momento en el que me dije "si se enteran que se enteren, yo quiero salir". Y es que las personas cambiamos cuando auténticamente nos cansamos de sufrir, que mientras nos quede aguante y resistencia continuamos haciendo lo mismo aunque lo pasemos mal. A partir de ahí, me fui liberando de la constante tensión de tener que estar preocupado por la opinión de los demás. Comprobé que cuanto menos me importaba qué pudieran pensar mis amistades, más fácil me resultaba salir a la calle. Mi nivel de ansiedad en las salidas bajó, aunque aún la sentía, pero ya no era ese nivel máximo que antes tenía. Curiosamente, no volvió a darme una crisis fuerte en la calle. Continué teniendo momentos duros, pero a base de continuar saliendo y seguir trabajándome a nivel interior, lentamente fueron bajando de intensidad hasta que finalmente desaparecieron.
Con todo esto me gustaría deciros que, si sentís vergüenza por tener ansiedad, priorizad en vosotros. En lo que realmente necesitáis y no en lo que creáis necesitar de los demás. Que lo que otros piensen, son sólo SUS pensamientos, de la misma manera que tú tienes los tuyos sobre ellos. Y que nada de eso tiene que ver con tu valía como persona. Que el andar protegiendo SUS pensamientos tiene un coste demasiado alto para tu vida. Que los demás están en sus vidas y que la tuya no puede detenerse por sus opiniones. Que no eres erróneo en ningún momento. No tienes nada de qué avergonzarte. Eres lo que eres, sientes lo que sientes y estás pasando por el momento que estás pasando... ¿¡y qué pasa!? Son los demás pero sobre todo esta sociedad, la que se avergüenza de ser humanos. Cada vez más personas se comportan como máquinas, siempre perfectos, competentes, infalibles, haciéndolo todo deprisa,... Con lo que al final, todos terminan representando un papel, una máscara ante los demás pues absolutamente nadie en el fondo es así. Salte de esa obra de teatro. Deja de ser un actor ante los demás y sé el protagonista de tu propia vida. Si los demás se avergüenzan de ser humanos, no lo hagas tú también. Posiblemente la ansiedad ha venido a humanizarte, al igual que me vino a mi.
De la ansiedad, de la agorafobia, no se sale por el sofá del comedor, ni siendo un actor ante los demás. Se sale literalmente por la puerta de tu casa y por tu interior, aceptando radicalmente tu pensar y sentir. Sin resistencias. Con cariño, ternura, comprensión y compasión hacia tu persona.
Se sale siendo lo que ya eres: HUMANO.
Sé genuino.
Sé tú.

viernes, 22 de mayo de 2015

LA IMPORTANCIA DE LA AUTOOBSERVACIÓN

Detenerme y observar, fue mi primer gran paso para dejar atrás la ansiedad. En el siguiente vídeo lo explico con detalle.



domingo, 17 de mayo de 2015

LA ANSIEDAD COMO TRANSICIÓN.

Algo que he podido comprobar en las personas que han superado la ansiedad, así como por experiencia propia, es que ésta se convierte al final en un período de transición.
Aquí os dejo unas reflexiones en formato vídeo:

 

>