miércoles, 26 de junio de 2013

SALIR DE LA ANSIEDAD... PASO A PASO.

Al final de mi adolescencia y en los inicios de mi juventud, practicaba montañismo en los Pirineos. En las rutas hacia las cumbres del Biceberri, Montarto, Aneto,... pasé algunos de los momentos más intensos y vivificantes de mi vida.  Lo que son las cosas, unos 10 años más tarde tuve agorafobia. Cuando tenía ansiedad, me recordaba con añoranza en aquellos inmensos paisajes... las nubes bajo mis pies... y sobre todo la increíble sensación de libertad que respiraba. Y claro, sufría. Sufría porque traía a mi presente un pasado... que por haber quedado atrás en el tiempo sencillamente ya no existía.
Mi nueva escalada, mi nueva cumbre ya no se llamaba Monte Perdido o Monte Maldito... se llamaba Ansiedad.  Muuuuuy lentamente, y a lo largo del tiempo, me fui dando cuenta que para salir de la ansiedad había que adoptar una actitud muy parecida a cuando hacía montañísmo.  Aquella concentración que debía tener en el más absoluto presente, EL PASO A PASO,  centrado en cada momento en dónde ponía el pie.  Recuerdo que agachaba la cabeza y lo que más veía eran mis propios pies... y comenzaba a centrarme sólo en el siguiente paso. En cada instante sólo el siguiente... sólo el siguiente paso... paso a paso, por pequeño que fuese o lento que fuera. Subía examinando el terreno más inmediato, el más próximo. Sin mirar lo que me quedaba hasta la cumbre, pues si lo hacía, me desanimaba al ver todo lo que me quedaba, y el cansancio físico terminaba por ser psicológico. De vez en cuando claro que había que levantar la cabeza para ver por dónde tenía que ir, pero no para ver lo que me quedaba por subir. Subiendo de ésa manera... un paso tras otro y centrado en el instante... descubría los grandes trayectos que recorría a pesar de la fatiga... y cuán cerca finalmente estaba la cumbre.
El montañismo y la ansiedad, me enseñaron que siempre tenía fuerzas para dar el siguiente paso cuando estaba centrado en el presente.  Para lo que no tenía fuerzas, era para recorrer en mi imaginación todo lo que me quedaba por subir, recordando a la vez lo cansado que estaba por el camino recorrido.
Salir de la ansiedad de esa manera, implica ir haciendo sólo lo que toca hacer en cada momento, en cada instante. Sin más añadiduras. Los grandes recorridos son sólo el conjunto de los pequeños pasos dados. Recuerda, no importa lo pequeños o lentos que sean. Lo importante es darlos, uno a uno.

Instante tras instante.
Paso a paso... en el presente.

sábado, 25 de mayo de 2013

SALIR DE LA AGORAFOBIA

La chica del reportaje de TVE que os dejo al final, me ha traído muchos recuerdos.  Ver el escalón de mi casa como una auténtica muralla, es una de las sensaciones más duras que recuerdo de mi ansiedad (junto a la despersonalización).  El proceso de salir de la agorafobia, fue una de las épocas donde aprendí a centrarme en el presente.  Para ello, y para no pensar en el desmayo o en la crisis de pánico cuando salía, enfocaba mi atención en todos y cada uno de los detalles que me encontraba.  Trataba de fijarme en todo, absolutamente en todo.   En el color de las hojas de los árboles, en la chaqueta tan horrible que llevaba aquel señor, en el contenido nuevo del escaparate, en los olores, a qué olía,... en el canto de los pájaros, cuántos tipos de cantos distintos podía identificar,... en los coches y sus ocupantes...   Y MIENTRAS TANTO ANDABA.  Andaba a la vez que regresaba a mis sentidos, la vista, el oído, el olfato.  Centrado en ellos, procuraba ir cada día una esquina más lejos.  Si notaba que me mareaba, respiraba, y trataba de fijarme más... hasta ¡qué sé yo! hasta en las grietas de las losetas de la acera.  Detalles que habitualmente pasan desapercibidos pero que igualmente entran por nuestros sentidos.  Lo cual también me llevó a la conclusión de que las cosas existen para nosotros tanto en cuanto pensamos en ellas.  El caso era no pensar en qué me podía pasar en los próximos cinco minutos, sino estar enfocado en el aquí, ahora, éste momento.
La agorafobia me tuvo encerrado sobre todo un año.  En el cual conseguí salir muy pocas veces y siempre muy cerca de mi casa.  En la calle tenía miedo al mareo, al ataque de pánico y al bochorno de que la gente me viera si me ocurría algo.
Recuerdo que llegó un momento en el que me dije "¿y si me da? bueno, ¿¡pero qué pasa!?", muchos mareos y crisis me habían dado hasta ése momento y aún seguía vivo.  Lo único que me podía ocurrir era más de lo mismo, y total, tampoco estar encerrado en casa hacía que la ansiedad desapareciera. Yo tenía que salir de aquello sí o sí. Fue como una especie de huida hacia delante, serena, sin prisas ni agobios, pero muy constante. De ir cada día siempre una esquina más lejos, centrándome en la gran riqueza de detalles que entraban por mis sentidos y que habitualmente no me fijaba, para así evitar los pensamientos que precisamente ocasionaban mi miedo.
Antes de salir a la calle practicaba la relajación. Éso hacía que saliera con menos ansiedad.  Aquí os dejo una vez más la Técnica de Relajación Muscular de Jacobson:
http://www.ivoox.com/relajacion-muscular-profunda-jacobson-audios-mp3_rf_312801_1.html
Haciéndolo de ésa manera, tardé unos 6 meses en conseguir salir a la calle cada vez que quería, rompiendo así el año de casi reclusión que tuve. Durante bastante tiempo más estuve sintiéndome mal en las salidas... PERO SALÍA.  Muy lentamente los síntomas fueron a menos, hasta que la calle dejó de ser un problema para mi.
De la agorafobia se puede salir, es duro, pero se puede.  Aquí os dejo el reportaje sobre una chica que también lo superó.
Reportaje TVE Agorafobia

domingo, 5 de mayo de 2013

ACEPTAR LA ANSIEDAD.

Posiblemente sea éste el punto más importante de todos, quizás por eso observarás que hablo de él en distintas partes del blog, y por ello lo trato aquí con mayor profundidad.
Yo tardé bastante tiempo en aceptarla, y os puedo asegurar que éso generó un sufrimiento innecesario. Por otra parte, me imagino que todos tenemos que pasar por nuestros propios procesos internos, y que eso lleva tiempo. Aunque estoy convencido de que, aceptar la ansiedad, es el kilómetro cero de toda recuperación.
Muchas veces confundimos la aceptación con otras cosas.  En ocasiones, pensamos que estamos aceptando algo cuando en realidad no es así. Aceptar NO es resignarse. La resignación implica pasividad, abandonarse a la deriva. Y para salir de la ansiedad se necesita una acción serena por el camino adecuado y con las herramientas precisas. Aceptar NO es resistir. Cuando nos resistimos hay tensión, hay una lucha que en sí misma está produciendo más ansiedad. Aceptar no es atrincherarse, apretar los dientes y aguantar. Además, ello provoca un desgaste tremendo, que sólo te lleva al agotamiento. Aceptar NO es ignorar lo que sentimos, pensamos o acontece. De la misma manera que al mirar al cielo, no podemos ignorar las nubes. Queramos o no están ahí. Aunque hay que ser conscientes de que en el cielo, no sólo hay nubes.

Aceptar la ansiedad es una actitud interior. De percibirla sin pasiones, de forma neutra y objetiva. Sin añadiduras. Desmitificándola. Es un no luchar contra uno mismo. Es no verla como un enemigo al que has que batir para salir de ella.
Es no empeñarte en querer dejar de sentir los síntomas inmediatamente. Es asumir que va a estar ahí durante un tiempo indeterminado.
Pero por otro lado, es orientar la energía que se estaba utilizando en la lucha en centrarse en las soluciones, no en los síntomas. Aplicando de forma constante aquellas técnicas y estrategias que ayudan a controlarla y a que disminuyan paulatinamente los síntomas. Sé por experiencia que es muy fácil decirlo y difícil llevarlo a la práctica, pero también sé que es muy necesario hacerlo.
Además de todo ello, personalmente también me ayudó el aceptarla cuando comprendí en su totalidad qué la originó, entonces la vi como una consecuencia lógica. La comprensión siempre es liberadora.

jueves, 25 de abril de 2013

RELATIVIZAR ES UN GRAN ANTÍDOTO PARA LA ANSIEDAD.

Imagina por un momento que el ser humano no existiera sobre el Planeta Tierra... ¿qué cosas serían buenas o malas? ¿Qué sería justo o injusto? ¿Qué sería importante y qué no?  Nada, absolutamente nada, pues no habría nadie que emitiera juicios de valor.  Y ahora desde ésa perspectiva, observa tu ansiedad. Detente, respira, y medítalo antes de continuar leyendo, tómate el tiempo que necesites hasta que notes que todo su significado te llene.
Meditar sobre ello, me ayudó a entender que la inmensa mayoría de los acontecimientos que nos ocurren, no son ni buenos ni malos en sí mimos. Que constantemente lo estamos etiquetando todo, inclusive a nosotros, llenándomos así de juicios mentales que se convierten en auténticos muros que en verdad no existen. De ésa manera me di cuenta que toooodo es relativo, somos nosotros quienes cargamos de importancia o gravedad lo que ocurre y lo que sentimos.
Fotógrafo: Alberto Pajuelo Peña   http://alberthophotographer.blogspot.com.es/
Aprender a relativizar, fue uno de los pilares en los que me apoyé para controlar mi ansiedad, ayudándome enormemente a superarla.  Comprender que no todo es blanco o negro, y que la vida está llena de ricos matices,... fue un inmenso regalo que aún conservo.

martes, 2 de abril de 2013

SUELTA LASTRE.

Cuando estamos inmersos en la ansiedad, hay momentos en los que deseamos volver a ser como éramos antes de que aparecieran los síntomas.  Recordamos lo bien que nos sentíamos, todo lo que hacíamos,...y anhelamos con intensidad recuperar aquella sensación de normalidad.   Y sufrimos porque en el fondo, una parte de nosotros se quedó atrás empeñada en un intento imposible de alcanzar, prolongar el pasado.
Aunque cueste creerlo, ni tan siquiera somos los mismos que hace un mes, o una semana. Cada pequeño acontecimeinto y pensamiento va formando un poso en nuestro interior que nos va transformando. Todo es cambio.  Tanto si lo deseamos como si no, todo es un constante fluir. Incluso la mayoría de nuestras células se regeneran cada cien días, cambian. Aferrarme a como era antes, era como escuchar una sinfonía y quedarme permanentemente escuchando un nota, sin poder disfrutarla entera.


 Fotógrafo: Alberto Pajuelo Peña   http://alberthophotographer.blogspot.com.es/
Elegí entrar y salir de las situaciones entero.  Entrar del todo y salir del todo, sin dejar atrás partes de mi.  Lo que pasa, que pase.  Dejar marchar el pasado, fue como soltar un tremendo lastre que me anclaba en el fluir de la vida.  Estaba aceptando la nueva realidad.
La ansiedad pasó y sus síntomas se marcharon, la serenidad llegó... pero no volví a ser el mismo de antes.   Superar la ansiedad, resultó ser un gran ejercicio de limpieza interior.  Ahora me siento mucho mejor conmigo mismo.

sábado, 23 de marzo de 2013

TRATA DE COMPRENDER LA ANSIEDAD.

La ansiedad es como una radio que sólo sintoniza una emisora, por mucho que busques en el dial, siempre escuchas lo mismo, y además resulta imposible apagarla.  Como mucho consigues bajar el volumen, pero de nuevo comienza a sonar estrepitosamente.  Desesperante.
El miedo hace precisamente eso, centrar tu atención en determinados aspectos de tí mismo/a, haciendo que sólo te fijes en aquello que precisamente confirma tu miedo.  Ya no ves nada más, ves sólo lo que tu miedo te permite ver, formándose así un filtro que distorsiona la visión sobre nosotros mismos.
Y lo que el miedo precisamente te oculta, es que estás bien, que tu cuerpo está sano, que no existen amenazas y que no hay motivos para alarmarse.  Así mismo te oculta tus propias capacidades para poder superar cualquier problema que pudiera surgir.

Ser realmente consciente de ése filtro, viéndolo como tal, me ayudó bastante a entender cómo funciona la ansiedad.  Y el comprenderla me hizo "quitarle hierro" a todos esos síntomas.
Poco a poco, la radio comenzó a sintonizar más emisoras.  El dial estaba lleno, siempre lo había estado.

viernes, 15 de marzo de 2013

¿EN VERDAD ERES COMO REALMENTE ERES?

A lo largo de nuestras vidas, y muchas veces sin darnos cuenta, se nos está diciendo cómo debemos de pensar-sentir-actuar.   La educación, sociedad, cultura, la TV, los demás,...  Constantemente recibimos mensajes, más o menos explícitos, del tipo "has de..."  "tienes que..." "debes de..." Debido a esa presión y en demasiadas ocasiones, terminamos cediendo, haciendo que persigamos un determinado ideal de persona.  Incluso ésas frases las incorporamos a nuestro lenguaje interno, haciéndolas nuestras. Y lo que es peor, juzgándonos en función de dicho ideal.
Todo ello hace que se produzca un desequilibrio que en el fondo nos hace sufrir, pues nuestra verdadera forma de ser, está siempre latente y deseando "salir al exterior".  Una cosa es lo que se espera de nosotros, y otra muy distinta lo que realmente somos.
Personalmente, me di cuenta de todo esto cuando prácticamente había salido de la ansiedad.  Fue entonces cuando fui consciente de la gran influencia que ello había tenido en alimentarla.  El saber que ya no tenía que esforzarme en demostrar nada... me llenó de una grata sensación de serenidad.  Y lo que es mejor, ver que a partir de entonces nada cambiaba a mi alrededor, aunque yo sí lo había hecho.

domingo, 10 de marzo de 2013

QUIZÁS LA ANSIEDAD TRATA DE DECIRTE ALGO.

En determinadas personas, no todas, la ansiedad se debe a un conflicto interior que no hemos resuelto adecuadamente.  O bien no nos creemos capaces de superar determinadas situaciones a nivel real o emocional.  Todo ello genera una gran tensión interior que nuestro cuerpo exterioriza mediante la ansiedad.  Es como si nuestro organismo tratara de encontrar una solución biológica al conflicto interior que tenemos, encendiendo las luces de alarma de que hay algo que trabajar a nivel personal e íntimo con nosotros mismos.
De ésa manera, la ansiedad se convierte en una oportunidad para "sanearnos" por dentro, para resolver aquellas cuestiones que en el fondo sabemos que nos hacen daño.  Cambiar el modo de percibir la ansiedad, fue fundamental para mi, entendiéndola como una llamada de atención de que debía centrarme no tanto en los angustiosos síntomas. Si no en buscar el equilibrio entre mis pensamientos, sentimientos y actuaciones.