domingo, 8 de junio de 2014
DESPERSONALIZACIÓN Y SENSACIÓN DE IRREALIDAD.
Mi ansiedad siempre se caracterízó por ir superando síntomas y seguidamente aparecer otro nuevo. Como una interminable cadena de eslabones que debía ir deshaciendo uno a uno.
El eslabón de la despersonalización / sensación de irrealidad me costó superarlo por el miedo que me producía, ni tan siquiera me atrevía a contarlo por si los demás pensaban que había perdido la cordura. Por aquel entonces ya había superado muchos síntomas, principalmente mediante la respiración, la meditación, relajación, distracción e iba poco a poco sintiendo lo que significaba realmente la palabra aceptar. Pero cuando surgieron estos síntomas, los viví de una manera distinta a los demás por el miedo que me producían. De esa manera los "elevé" a una categoría diferente al resto. Incluso llegué a dudar si eran ansiedad o no, y esa duda me hizo mucho daño. Error por mi parte. La ansiedad es como un dado, tiene múltiples caras pero cada una de ellas no deja de ser el mismo dado.
A base de leer muchísimo sobre ansiedad, descubrí que nadie se había vuelto loco por el hecho de tenerla. Que la despersonalización se trataba de un síntoma más como otro cualquiera y que era yo solito, quien lo estaba tratando de una manera distinta. Sin lugar a dudas desagradable, pero igualmente inofensivo como los demás. Por lo tanto debía tratarlo como un síntoma más.
De la misma manera que ninguna de las veces que temí tener un infarto significó que iba a tenerlo, sentir la despersonalización tampoco significaba que iba a perder la cordura. Era exactamente igual. Comprender eso hizo que interiormente bajara de "status" a este síntoma.
Saber todo eso me tranquilizó, pero hacía falta un paso más: NO TRATAR DE CONTROLARLO cuando lo estaba sintiendo. El tratar de resistir hacía que centrara mi atención en el síntoma, cobrando así todo el protagonismo y aumentara por tanto mi nerviosismo. Tenía que dejarlo estar, aceptándolo profundamente, no creerme el síntoma, respirar diafragmáticamente para relajarme, practicar deporte para bajar mi nivel general de ansiedad y sobre todo distraerme. Así mismo me di cuenta que es en esos momentos, como en los de crisis, cuando más se hace necesario tener práctica en la relajación, saber relajarse. En el fondo y como siempre se trataba de aplicar la regla básica, esto es, centrar la atención en la vida y no en los síntomas.
lunes, 7 de abril de 2014
SALIR DE LA HIPOCONDRÍA TAMBIÉN ES POSIBLE
En mi experiencia con la ansiedad, uno de los principales handicaps era creer que tenía algo distinto a la propia ansiedad. Me martirizaba pensando que cada pequeño síntoma era un cáncer o un infarto. Era como sufrir una enfermedad sin tenerla. Sufría porque me daba miedo sufrir, cuando en verdad jamás hubo motivo para ello.
A pesar de innumerables médicos que me decían que estaba sano... tiempo tardé en darme cuenta que el problema no era mi salud. Repito, el problema no era mi salud, el problema era mi pensamiento.
Muuuuy lentamente fui de verdad LIMITANDO lo que me ocurría, esto es, que los síntomas de la ansiedad eran sólo y exclusivamente eso mismo, síntomas-de-la-ansiedad. ¡¡Y DE NADA MÁS!! Limitar es importante. Darse en verdad cuenta que el hecho de que yo pensara una cosa no quería decir que fuese necesariamente cierta. Que por mucho que yo me empeñe que la nieve es verde... seguirá siendo blanca. De la misma manera, por mucho que me imagine que tengo una enfermedad... mi cuerpo seguía estando sano pues esa era la realidad de mi organismo. Que una cosa son los pensamientos y otra muy distinta la realidad. Y la realidad era que siempre estuve sano. El problema era el pensamiento, no mi cuerpo.
Para poder llegar finalmente a esas conclusiones, me ayudó enormemente la auto-observación. Esto es, ver lo que me estaba ocurriendo como si le estuviese ocurriendo a otra persona.
Auto-observarme de esa manera, sin juzgar nada, sin valorar nada, sin analizar nada...sólo observar... me ayudó bastante, además del resto de acciones (que comento en el blog) que iban bajando mis niveles de ansiedad. Inclusive observar de forma neutra esos pensamientos, observarlos sin interactuar con ellos, sin "responderles", sin "hablarles", sin juzgarme... me ayudó a dejar de identificarme con ellos. Yo no era aquellos pensamientos.
Para poder entender mejor la auto-observación, permitidme el siguiente simil. Es como salir de una película, salir de la pantalla y saltar a la butaca del cine. Observa el personaje de la película y no le recrimines nada. ¡¡Suelta el personaje y sé espectador!! Con el tiempo te das cuenta que el espectador no tiene ansiedad.
Todo ello hizo que los miedos se fueran poco a poco disolviendo por el mero hecho de no ser reales. Cuando observamos sin juzgar... irremediablemente la más pura realidad se nos hace presente.
Esa fue mi experiencia por si a alguien le pudiese ser de ayuda. Aunque siempre recomiendo que para aprender a manejar los pensamientos, lo mejor es recibir el asesoramiento de un profesional de la psicología.
sábado, 22 de marzo de 2014
¿Vas a dejar escapar el único instante en el que puedes hacer algo para salir de la ansiedad?
Cuando buscamos el camino para salir de la ansiedad, solemos cometer el error de querer hacerlo partiendo de la visión de todo lo que nos queda por recorrer. Esto es, centrados en la meta final, empujados por el deseo de dejar de sentir los síntomas.
Pero hay que tener claro, que no se sube una montaña mirando a la cima. No se llega al final de un viaje poniéndote de puntillas intentando divisar el destino final. No se termina una tarea sólo imaginándonos su finalización. Date cuenta que cuando nos imaginamos todo lo que nos queda por recorrer, esa imagen se convierte en una pesada losa que mina nuestro ánimo, convirtiendo nuestras ilusiones en frustración.
Cada escalada, cada viaje, cada tarea... está compuesta por muchos pequeños pasos, gestos y acciones que sumados todos ellos son los que nos hacen llegar hasta el final. Salir de la ansiedad es también esa acción de hormiguita que hemos de hacer en cada instante, en cada momento, en cada día. Por lo tanto, EL FINAL NO ES LA META. ¡¡ LA META ES EL PASO !!. El paso que has de dar en cada momento, ya que es el hoy lo que cuenta, no el mañana.
Ese paso de hoy, puede ser ir a comprar pan, ir a la casa del amigo/familiar, dar un paseo, ir a ver a tal persona, acercarte al super, buscar hueco para hacer relajación/meditación, hacer ejercicio, leer ese libro que tanto bien te hace... ¡¡ESAS SON LAS METAS!! pues es en el hoy el único momento en el que puedes actuar.
Desde ese punto de vista, fíjate cómo se aceptan mejor los síntomas, pues el objetivo de hoy no es eliminar por completo la ansiedad, sino dar el paso que en cada instante te corresponde dar.
¡¡ Olvídate de todo lo que te queda por recorrer !!, pues sólo tienes el hoy, el ahora, para poder hacer algo. ¿¿ Vas a dejar escapar el único instante en el que puedes hacer algo para salir de la ansiedad ?? Pon el ladrillo que en cada instante te corresponde poner... y ve así construyendo el hogar en el que finalmente encuentres la paz.
lunes, 24 de febrero de 2014
LA ANSIEDAD ESTÁ LLENA DE SUPOSICIONES.
Todos podemos percibir en nuestra mente un continuo parloteo interior que constantemente está analizando, clasificando y "diciéndote" lo que tienes que hacer. Observa, repito, observa cómo esa "voz" cuando se refiere al futuro, lo único que hace es hacer SUPOSICIONES. Es lo único que puede hacer en relación al futuro. Yo me enredé en ellas miles de veces y las sufrí una por una. Sé por experiencia que es emocionalmente agotador.
Pero veamos lo que realmente significa la palabra "Suponer". ¿Qué implica? Según la R.A.E. significa: "Conjeturar, calcular algo a través de los indicios que se poseen. Dar por sentado y existente algo".
Fíjate cómo en ningún momento tal definición habla de realidades, son sólo conjeturas, cavilaciones que tienen su origen en experiencias pasadas. Suponemos a raíz de lo que ocurrió tiempo atrás. Esa experiencia pasada la tenemos tan en el "altar" de nuestra memoria que la proyectamos erróneamente al presente y al futuro.
Proyecciones, conjeturas, recuerdos, suposiciones,... éso es lo que nos asusta. No el supermercado, la calle o tal situación. Nos asustamos con nuestros propios pensamientos.
Pero... por otra parte... detente y piensa ¿¿Cuántas supociones has hecho y que luego no se han cumplido??
Salir de ansiedad requiere, entre otras cosas, tener los pies en el presente. Así que pisa fuerte en el aquí, ahora, este momento... y tira palante.
domingo, 16 de febrero de 2014
¿QUÉ SUPONE ACEPTAR LA ANSIEDAD?
* Asumir radicalmente que está ahí. Que aunque no sea de nuestro agrado, forma parte de nuestra realidad. Y que por lo tanto negarla o luchar contra ella sólo lleva al desgaste. Comprender que toda lucha implica un conflicto, una tensión. Y toda tensión lleva consigo más ansiedad.
* No asustarte por sus síntomas, desde el más profundo convencimiento de que la ansiedad es inofensiva. Cuando sientas los síntomas en tu cuerpo permite que estén ahí, evitando adoptar una actitud de rechazo. Eso hará que se marchen antes.
* No recriminarte nada en relación a la ansiedad. No te culpes. Una vez más... déjate en paz siempre y en todo momento.
* Percibir la ansiedad sólo como una señal de tu cuerpo/mente de que algo en tu vida has de cambiar. Es sólo una señal de alarma avisándote que algo en tu vida has de cambiar. La ansiedad es una oportunidad de cambio que, para salir de ella, inevitablemente has de realizar. Todos los que salen de la ansiedad coinciden que les ha cambiado la vida de forma positiva respecto a antes de tenerla.
Posiblemente estarás pensando "¡¡ Qué difícil !!" Pero... ¿¿acaso es más fácil permanecer como sigues hasta ahora sin aceptarla??
Trabaja en ti la aceptación, verás cómo a partir de ahí todo se vuelve más sencillo.
lunes, 23 de diciembre de 2013
CAMBIAR PARA SALIR DE LA ANSIEDAD
Muchos de vosotros me habéis preguntado "¿la ansiedad te cambió? La respuesta es... SÍ. Para mi superar la ansiedad, fue ante todo pasar por un proceso en el que, precisamente para salir de ella, debía volver a encontrarme conmigo mismo. O quizás mejor dicho, debía encontrarme por primera vez. Recuperar mi vida fue un dejar atrás una forma de pensar, de concebir la vida, de percibir a los demás e inclusive a mi mismo. Por lo que salir de la ansiedad fue un cuestionarme prácticamente todo, que lo que era válido en mi... poco a poco te das cuenta que ha dejado de serlo. Un volver a empezar. Desechar un montón de esquemas mentales que ni tan siquiera sabía que tenía. Yo ni era consciente de mi propio ego, no sabía hasta qué punto y de qué forma tan refinada me importaba la opinión de los demás. No era consciente de lo perfeccionista que era ni a cuántos campos de mi vida llegaba todo ello.
Con el tiempo comprendí que siendo de aquella manera... inevitablemente estaba abocado a ella, pues mi organismo ya no podía soportar más la autopresión a la que me estaba sometiendo. La ansiedad fue para mi la forma que tuvo mi cuerpo/mente de decirme... "¡Basta! No puedes seguir más por ese camino". Y creedme, me resistí mucho a asumir todo ello. En mis años de no aceptar la ansiedad, en el fondo lo que había era una resistencia a cambiar de forma de ser. Tampoco sabía qué era lo que tenía que cambiar ni hacia dónde dirigirme. Era la época en la que pasé por los filos más duros de la ansiedad.
Aún no sé muy bien cómo, me dirigí hacia el único lugar donde aún no había buscado la solución. Me dirigí hacia mi interior. Quizás fue por pura necesidad, ya que no había nada en el exterior que me quitara aquello de encima.
La ansiedad "me venció". No podía salir de la ansiedad con los mismos esquemas mentales con los que había entrado en ella. No tuve más remedio que detenerme... y escucharla. No sus síntomas... sino lo que había tras ella. No sus sensaciones... sino lo que me quería decir. Me daba miedo ese reinventarme, ese no saber hacia dónde ir o qué hacer conmigo mismo. Pero pronto descubrí que no había motivo para temer, pues en el propio caminar... por añadidura... te vas encontrando lo que necesitas en cada momento. ¡Cuánta verdad hay en las palabras de Machado! "Caminante no hay camino, se hace camino al andar". Como ya sabéis, me subí a un peñón junto al mar... largas tardes pasé allí subido... con más de una lágrima y demasiadas preguntas sin contestar... hasta que finalmente quedó en mi el silencio. Fue a partir de ahí cuando empecé a escuchar mi interior. Esa "voz" que siempre había estado enmudecida por el vaivén de los acontecimientos y por las autoexigencia que los demás me habían dicho que debía tener. Esa "voz" que al final te hace entender que, cuando dejas de hacer preguntas (el silencio interior)... es cuando encuentras las respuestas. Donde te das cuenta que nunca hubo necesidad de tanto esfuerzo ni lucha... y menos contra uno mismo. Fue un dejarme en paz... un dejarme estar... un sentir profundo, cálido y sereno... donde todo se aquieta y a la vez todo fluye. Un permitir que todo mi ser "se pose"... para al fin así poder reconocerme.
Sí amigo/a, la ansiedad me cambió.
viernes, 6 de diciembre de 2013
SUPERAR LA ANSIEDAD... ES TAMBIÉN SUPERAR EL EGO.
Existen personas que para salir de la ansiedad necesitan también escapar de su propio ego. Ese fue precisamente mi caso.
No sé muy bien aún cómo, pero empezó a importarme tanto lo que opinaban los demás de mí que comencé a tratar de hacerlo todo perfecto, para que nadie pudiese tener una opinión negativa sobre mi persona. Esa actitud, esa forma de afrontar la vida la mantuve durante muchos años, por lo que finalmente me identifiqué con mi reputación. Terminé siendo lo que los demás esperaban de mi. Vivir así era como estar permanentemente en un juicio en el que se jugaba mi bienestar interior. Si los demás me "aplaudían" me sentía bien, si los demás me critican me hundía. Bastaba cualquier desaire de alguien para centrarme en eso... y sufrir. Al final te vuelves "adicto" de esos aplausos que tanto necesitas para tratar de evitar el rechazo. Haces lo que sea necesario para conseguirlos, no sabes vivir sin ellos, sin que los demás te digan lo hábil, capaz, inteligente, agradable o responsable que eres. De esa manera, poco a poco, se fue formando en mi un diálogo interno donde las frases más repetidas eran "tienes que..." "has de..." "debes de..." Comenzaron así mismo formarse ideas del tipo "para ser feliz, necesito que los que me rodean me tenga en estima, apruebe todo lo que hago y me traten con simpatía". Sin querer, sin darme cuenta, había puesto mi felicidad en manos de los demás. Eso fue un error que encandena con otro error, esto es, "la felicidad procede del exterior".
Y como contentar a todo el mundo es imposible, como la perfección siempre es un blanco móvil,... y como el ser humano no está preparado para ese nivel de autoexigencia... me quebré. Me vino la ansiedad. Aunque ahora que lo veo desde la distancia que me da el tiempo... es más exacto decir que la ansiedad ya la tenía desde hacía mucho. Pues precisamente vivía ansioso por obte
El ego siempre te dice tres cosas erróneas: "Eres lo que haces" "Eres lo que tienes" "Eres tu reputación". Años tardé en darme cuenta de ello y de cuál recóndito y escondido estaba el origen de mi ansiedad. En darme cuenta que yo era yo... independientemente de lo que pensaran los demás de mi. Que no había una ley que dijera que yo tenía que contentar a los demás. Que mi miedo a que los demás no me aprobasen no era más que miedo a ser yo mismo.
Recuerdo que todo ello llegué a tenerlo en mente durante bastante tiempo, pero no terminaba de cambiar... y por lo tanto mis crisis de ansiedad y mi nerviosismo perpetuo continuaba. No cambiaba porque sentía que era como estar justo al borde de un precipicio y saber que "la cura" era dar un paso más. Mucho tiempo me quedé allí, sabiendo lo que tenía que hacer pero sin llegar efectivamente hacerlo. Aquello era como un acto de fe, tenía que dar ese paso más... y saber que no me iba a caer. Por pura necesidad de acabar con el sufrimiento de mi ansiedad... terminé por dar ese paso. Y no me caí. No te caes. Al contrario, comienzas a sentirte libre de ser tu mismo, de no tener que demostrar nada a nadie. De sentir que toda esa "energía" que antes destinaba a agradar a los demás, la utilizaba para disfrutar de la vida, en un dejarse fluir donde te das cuenta que tienes fuerza para todo... y a la vez que todo requiere menos esfuerzo.
Se acabó la lucha... precisamente porque te das cuenta que no hay necesidad de enfrentarte a nada.
jueves, 28 de noviembre de 2013
¿CUÁNDO VIVES?
Muchas veces, añoramos lo que ya no tenemos. En otras ocasiones, deseamos del futuro algo diferente de lo que vivimos en ese momento. Cuando nos sentimos mal, es cuando más "nos vamos" al pasado o al futuro. Centrándonos así en algo irreal, que al menos por ahora no existe. Y mientras todo ello ocurre, nos alejamos precisamente del único momento en el que de verdad podemos hacer algo. EL PRESENTE. Si queremos que mañana sea distinto, hay que sacudirse el pasado y tener muy claro, que lo único que podemos cambiar es justo el instante en el que vivimos, haciendo algo diferente.
Vivir en el presente, también lleva consigo aceptar la realidad en aquellas ocasiones que no podemos modificarla. Muchas veces, sobre todo en situaciones complejas, nos decimos a nosotros mismos frases del tipo:
"Si tal persona fuese de otra manera me sentiría mejor".
"Si las cosas fuesen de otra forma... sería feliz".
“Si no hubiese ocurrido...”
"Si lograra..."
"Si..."
Y mientras tanto, sufrimos produciéndonos una enorme ansiedad, ya que chocamos con una realidad a la que no nos estamos adaptando.
Pero realmente lo que nos hace sufrir, no es la realidad ni los demás. El origen del sufrimiento está en cómo reaccionamos ante los acontecimientos. Son nuestros juicios sobre cómo han de ser las cosas y las personas, quienes en verdad nos hacen sufrir.
Salvo en situaciones excepcionalmente graves, la realidad no es el problema. Una prueba de ello, es que ante un mismo acontecimiento, distintas personas reaccionan de diferente manera. Las cosas son lo que son...independientemente de lo que podamos pensar, sentir o desear. Y aceptar eso, es ponerse del lado de la realidad, no contra ella.
Descubrir todo ello fue para mí un cambio de rumbo, no sólo en mi ansiedad, también en mi percepción de la vida.
"Un pájaro apegado a una rama no puede volar"
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